Es un procedimiento oficial que evalúa lo que sabes hacer en tu trabajo, aunque lo hayas aprendido sin pasar por un aula. Se comparan tus competencias con las unidades de competencia del Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales y, si se demuestra que las dominas, se reconocen de forma oficial.
No es un curso ni un examen de oposición. Es un reconocimiento: alguien evalúa tu experiencia real, tus tareas habituales y tu forma de resolver situaciones propias de una ocupación.
Se acreditan unidades de competencia, no títulos completos. Esa es la clave para entender el resto de la guía: puedes acreditar todas las unidades de una cualificación, o solo algunas.
Una acreditación oficial te permite demostrar tu nivel ante una empresa sin depender de una carta de recomendación. También abre la puerta a completar después la formación que te falte y obtener un certificado profesional o un título de Formación Profesional.
Además, en muchos sectores hay puestos que exigen una acreditación concreta para poder firmar contratos, acceder a convenios o participar en procesos de selección públicos. Si trabajas sin ese papel, la acreditación regulariza tu situación.
Al terminar recibes una acreditación parcial acumulable de cada unidad de competencia superada. Esa acreditación se inscribe en los registros oficiales correspondientes y tiene validez en todo el territorio nacional.
Con ese documento puedes pedir la convalidación o exención de los módulos equivalentes cuando te matricules en un certificado profesional o en un ciclo de FP. Es decir, no repites lo que ya has demostrado.